sábado, 20 de septiembre de 2008

La campana de los perdidos

En el siglo XVI, Zaragoza estaba limitada por los rios Ebro y Huerva. La otra orilla de los mismos (especialmente la del Huerva) estaban llenas de maleza y en los días de niebla era frecuente que los campesinos se perdieran al volver a casa al anochecer después de haber pasado el día
trabajando en el campo.
En enero de 1529 se encontraron a varias personas congeladas en la orilla del rio que no pudieron regresar a casa y pasaron la noche a la intemperie. Así que el ayuntamiento decidió que una de las campanas de la vecina iglesia de San Miguel de los Navarros tocase cada media hora
desde el crepúsculo hasta la medianoche y una luz a modo de faro se situase en lo más alto de la torre de la iglesia.

Doscientos años después, la luz fué suprimida ya que se despejó de maleza la zona aunque la campana (denominada campana de los perdidos) ha seguido siendo tocada sin apenas interrupción hasta hoy en día.
Posteriormente a mediados del siglo XX se construyó una torre en la Feria de Muestras que incluía un faro en su cúspide a semejanza del que tuvo en su día la torre campanario de San Miguel.