
Así, el cáliz fue escondido en diversos lugares:
San Adrián de Sásabe,

la catedral de Jaca,

y, hacia 1071, en el monasterio de San Juan de la Peña,


se dice que los reyes de Aragón bebían del cáliz: así por ejemplo Alfonso I el Batallador dice la leyenda que consiguió vivir largos años a pesar de haber sido alcanzado por una flecha durante el sitio de Monzón.
en 1399 el rey Martín I se llevó el vaso sagrado al palacio de la Aljafería de Zaragoza.

Finalmente, en el año 1424, el Cáliz fue trasladado a Valencia por orden de Alfonso el Magnánimo, en cuya catedral permanece hasta día de hoy.
